Mientras el
gobierno se desentiende de las escuelas, de los salarios de los maestros, del pago
de sus prestaciones, garantizarles una imagen digna de su profesión y ofrecer
calidad en los cursos que imparte la Secretaría de Educación Pública, muchos maestros o casi todos a diario dan su vida en las aulas quedando
en el anonimato, pero esto debe de cambiar y por ello el motivo de este
artículo.
El caso que
quiero compartir es una experiencia de la cual fui observadora externa, al ser
invitada al festival-posada de un gran compañero educador
de mi zona escolar 016 Adolfo, maestro normalista, con vocación y comprometido con el trabajo docente entre la
escuela-comunidad, realizó su festival navideño
en el jardín de niños unitario
Celeste Castillo, el cual comenzó
con el recorrido por la localidad de Tlavictepan ubicada a unos minutos de la
ciudad de Huatusco. Los niños disfrazados de los personajes representativos de
la escena navideña tradicional cantaban y entonaban villancicos, los
silbatos y las palmadas se escuchaban mientras seguían su camino.
Al llegar a su jardín, se pidió la posada y se presentaron
los números musicales correspondientes a las fechas decembrinas: las rondas los
peces en el río y Rodolfo el Reno, los niños lucieron sus
caracterizaciones con detalles de peces y renos.
Posteriormente se
realizó un concurso de piñatas, las cuales fueron elaboradas con anticipación
por las madres de familia, en ella se
reconoció su creatividad, colorido, técnicas empleadas, pero sobre todo el gran trabajo de equipo al integrarse y reunirse fuera del horario
escolar para realizarla y preservar así la tradición mexicana, en todas se
apreciaba que las elaboraron con amor y cariño para sus hijos, ya que estas piñatas
se romperán para el festejo de
reyes magos, regresando de vacaciones. Se premió a las madres de familia
ganadoras de los tres primeros lugares, con regalos para cada una de ellas por
su talento. Las piñatas que no ganaron los niños las quebraron con entusiasmo,
así como las piñatas que ya estaban
destinadas para tal fin, todos participaron los alumnos y alumnas, niños de la
comunidad, padres y madres de familia.
El maestro junto
con el apoyo de la sociedad de padres de familia, diseñaron dulceros y compraron dulces, (con los recursos económicos generados
por ellos para proveer a la escuela en sus necesidades) para
los alumnos y sus familias, rifaron una
gran canasta navideña y entregaron a
cada asistente su platillo de comida
típica para estas fechas.
El evento
concluyó con luces pirotécnicas que hicieron vibrar mi alma, al observar la
emoción y gusto con la que las familias miraban el espectáculo que duró unos
instantes, parecía una tregua entre la realidad y la magia de la navidad, la
cual invita a comenzar de nuevo ya no perder la esperanza de un mejor
mañana para los niños y sus familias.
Esta actividad
me hizo valorar la importancia de la
vocación de ser maestro, de dignificar al docente de escuelas unitarias, ya que
es un referente de integración escuela comunidad, promotor cultural al rescatar
y conservar nuestras tradiciones, el
arraigo a nuestros valores esenciales. El docente unitario de jardín de niños,
no solo debe limitarse a presentar los avances de las
habilidades artísticas y físicas de los
niños, entre tantos más aprendizajes que se pueden lograr a través de estos
eventos que son parte esencial de la vida en las escuelas porque los niños reciben una atención muy
personalizada a esta edad por sus padres y madres.
El futuro de la
educación se construye en el presente, con maestros comprometidos como el
profesor Adolfo el cual está entregado a su trabajo, al mejoramiento de su
escuela, pero sobre todo que es un gran promotor de una educación comunitaria y
popular, de una educación incluyente en
armonía con los padres que se integran
fielmente a la educación de sus hijos.
Con esta
experiencia afirmo que la educación preescolar no solo debe estar basada en
competencias, debe estar basada en una serie contenidos que contemplen las
interacciones socioculturales locales integradoras, las cuales sería imposible medir
a través de aprendizajes esperados y listas de cotejo.
El haber sido
espectadora de esta experiencia me ha permitido mirar con otros ojos lo que un
maestro unitario de comunidad logra
hacer por la educación pública, sin ningún recurso oficial que se encargue del
sostenimiento de su plantel y lo cual se contrapone al discurso mediático
oficialista por medio del cual nuestra profesión ha sido
tan devaluada y estigmatizada. Estoy segura que después de leer este artículo
estarán de acuerdo en que se necesitan más que pruebas estandarizadas
para emitir un juicio de valor respecto al buen o mal maestro para su ingreso, promoción y permanencia en
el servicio profesional docente.
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